“El ‘prepartido’ y el ‘pospartido’ son importantes en una actividad cultural”
Entrevista a fondo a cargo de Juan Luis Pavón sobre el presente, pasado y futuro del Espacio Cultural Colombre, tuvo su versión en la edición impresa de El Correo de Andalucía, el 20 de agosto de 2016. Dejamos aquí enlace para consultarla en su fuente original y también la reproducimos abajo en rojo para dejar registro en nuestra hemeroteca de apariciones en prensa.
Pedro Gozalbes Alonso / Editor, librero y creador de Espacio Colombre. El diminuto local que servía de polvero en un escondido callejón de Triana es ahora un foco cultural a la vez de barrio y cosmopolita, con diez tipos de actividades en las que predomina el arte de la camaradería.
JUAN LUIS PAVÓN /SEVILLA /20 AGO 2016 / 19:57 H – ACTUALIZADO: 20 AGO 2016 / 20:31 H

Entre las calles Febo y Esperanza de Triana, en un escondido viario de almacenes, talleres y garajes, por donde nadie transitaba salvo que tuviera allí un local, ha brotado con espontaneidad un espacio cultural. Los libros son el punto de partida. Y su nombre es Colombre en homenaje al gran escritor italiano Dino Buzzati (1906-1972), cuyo cuento breve ‘El Colombre’, de fuerte carga simbólica, imagina un enigmático monstruo marino. “Al que nadie ha visto, como el callejón donde estamos, que cuenta encontrar cuando se acude por vez primera”. Lo dice Pedro Gozalbes Alonso, de 35 años, vecino del barrio de San Lorenzo, polivalente profesional de servicios editoriales: corrección, diseño, maquetación, traducción, informes de lectura, transcripción, redacción, etcétera. Es uno de los creadores de Espacio Cultural Colombre, en común con su amigo Rafael Delgado García.
Se conocieron como alumnos en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Rafael, ya licenciado, tomó un camino profesional más ligado a lo social, aplicando sus fundamentos literarios también en su labor como educador en centros de reforma juvenil. Ahora comparten una odisea (que incluye también ganarse el sustento vendiendo libros de segunda mano en calles, parques y playas) cuyo argumento no imaginaban porque lo están aportando muchas personas en una dinámica colaborativa, que tiene mucho de tomarle el pulso a la demanda de vivir la cultura con más proximidad y menos márketing.
Pedro Gozalbes es el tercero de los seis hijos de un matrimonio donde su padre sostenía a la familia como empleado de banca, y su madre trabajó algunos años como profesora de instituto. Vivió su infancia y adolescencia en el barrio Parque Miraflores, fue alumno del Colegio Altair durante todo el periodo de escolarización obligatoria, hizo la carrera de Filología Hispánica “porque era la oportunidad de estudiar lo que me fascinaba, la literatura española e hispanoamericana”. Sus primeros trabajos en el sector editorial le abrieron las puertas para estar varios años a las órdenes de Abelardo Linares en Editorial Renacimiento, desde su enorme sede en un polígono de Valencina, donde se gestiona cerca de un millón de libros antiguos o recientes. “Sigo colaborando con Renacimiento como ‘freelance’, he aprendido mucho allí, una experiencia muy gustosa, porque realizan ediciones muy cuidadas y porque se acerca a Abelardo Linares tanta gente de la cultura que eso te enriquece”.
¿Qué le impulsó a emprender por su cuenta y riesgo?
Cuando comienzas a automatizar una actividad que te apasiona, es síntoma de que pronto vas a incurrir en el tedio. Debes darte cuenta de eso para evitarlo y reinventarte con la pasión de una nueva aventura. Así veo la vida. Era el año 2011, cuando en España llevábamos ya mucho tiempo en un ambiente de crisis económica. Poner la radio o la televisión, leer un periódico, era sinónimo de estar bajo constantes informaciones y mensajes sobre la crisis, como un todo absoluto donde no hay sitio para la creatividad de la gente de a pie. Y conversando de todo esto con mi amigo Rafael Delgado, que también estaba vitalmente en proceso de plantearse un cambio de rumbo profesional, nos fuimos picando uno al otro y decidimos probarnos en la experiencia de vender en las calles libros de segunda mano y, de ese modo, relacionarnos con gente variopinta e insospechada.
¿Dónde se probaron?
En el mercadillo del Charco de la Pava. Allí nos íbamos a las seis de la mañana, cargados de cajas con libros de ocasión que habíamos ido reuniendo. La experiencia tenía un sesgo furtivo que nos gusta y nos enciende la bombilla para plantearnos proyectos. Porque a una librería de segunda mano solo entra un determinado tipo de personas, y se crea una clientela muy específica. Pero en la calle, y más en un mercadillo adonde la gente no acude con la idea prefijada de comprar libros, es enorme la diversidad de población con la que interactúas. Es una lección continua.
Colombre no está en un lugar de paso, sino todo lo contrario.
Cuando lo cogimos, no calculamos lo que ha sucedido. Tanto Rafael como yo vivimos en pisos de edificios sin ascensor, y, dedicándonos cada vez más a la venta de libros de ocasión, estábamos hartos de subir y bajar cajas por las escaleras. Buscando un local lo más barato posible, donde fuera comodísimo aparcar el coche, cargar y descargar, y nos sirviera como almacén, encontramos éste disponible en un callejón de Triana que no tiene vista comercial.
¿Qué les hizo cambiar de planes?
Nos gusta que cualquier lugar sea agradable y cómodo. Para trabajar en un almacén, no es lo mismo que esté adecentado y bonito a que sea cargante y caótico. Y, cuando empezamos a remozarlo, y a poner estanterías, y con la llegada de amigos que venían a saludarnos, fue surgiendo en nosotros la idea de prepararlo también como lugar de encuentro y actividad. Nos dimos a conocer vendiendo libros en Triana, a la sombra del ficus en el Altozano. Las ventas eran irrisorias, pero lo teníamos asumido porque estábamos creando un proyecto como si fuera un juego, en conversaciones con gente conocida o desconocida. Ya en octubre de 2012 vimos claro que nos apetecía hacer más cosas, convocamos a muchos amigos para una reunión en el local/callejón, y se intensificó el ofrecimiento de propuestas y de sinergias. Constituimos una asociación cultural y empezamos a programar y dar cabida a narración oral, conciertos, magia, microteatro, presentaciones de libros,…
En las ciudades más cosmopolitas se ve con mayor frecuencia que reconvierten zonas y locales concebidos originariamente para almacenes, depósitos, fábricas, tiendas, garajes…
Al principio, bromeábamos diciendo que parecía la trasera de los restaurantes neoyorquinos. En cualquier ciudad se crean espacios cuyo ambiente parece fruto de un milagro.
¿Cuál es la petición más usual que les comentan?
Compartir vivencias y relaciones, tanto culturales como personales, en un espacio pequeño y acogedor, donde como máximo caben 50 personas, y donde es usual participar de encuentros y actividades donde el ambiente es aún más íntimo, entre 8, 12, 15 o 20 personas, sentadas en los sofás o en las sillas, con un pequeño ambigú. Y puedes dialogar, por ejemplo, con esa pequeña compañía de teatro cuya actuación has visto a dos metros de distancia. Pensemos que hoy en día lo imperante en la vida cotidiana, y hasta niveles exagerados, es la comunicación digital, la conexión digital, todo lo que pivota alrededor de internet, de los mensajes. Por eso valoran más las experiencias culturales presenciales, cara a cara.
Quizá también atrae como contrapunto del macroconcierto y de otros formatos de eventos multitudinarios.
Lo que percibo es esto: Cuando se va a espacios culturales como el Teatro Lope de Vega, que están muy bien, lo usual es que los espectadores acudan con personas de su entorno (su pareja, sus amigos,…) y, cuando salen al término de la función, dialogan entre sí, comparten impresiones entre ellos, pero, por lo general, no interactúan con otras personas. En Colombre no solo conviven quienes ya se conocen previamente, sino que es más fácil relacionarse también con quienes han participado y/o acudido. En nuestras actividades, también son muy importantes el ‘prepartido’ y el ‘pospartido’. El espacio propicia quedarse y relacionarse, y perder el miedo a conversar con un músico, con un escritor,…
Además de un lugar al que acuden personas desde otras zonas, ¿qué lazos se están forjando con el vecindario de Triana?
Muchos y buenos. Al principio, Colombre se nutría de amigos que llevaban a sus amigos. Los círculos se van ensanchando y cada vez hay más habitantes del barrio que descubren el espacio porque alguien se lo recomienda, y se sienten cómodos, y lo tienen en cuenta para acudir a un concierto en acústico, o a una sesión literaria, o ver una película, o títeres, o magia, etc., en lugar de plantearse ir al centro para ello. Se nos acerca gente entre sí muy distinta, percibe que Colombre es un espacio neutro que no está escorado solo a un tipo de personas o a una manera de pensar. Abundan más quienes tienen entre 30 y 40 años, pero también aparece alguien de 80 años o jóvenes de 16 años de algún instituto cercano.
¿Cómo intentan ser autosuficientes?
Quienes simpatizan con Colombre y se han asociado (ya son 90 personas) aportan una cuota que es casi simbólica: ocho euros al año. A cambio tienen descuentos en la compra de libros, y en los talleres que se imparten. La mayor parte de las colaboraciones se basan en participar de modo gratuito como protagonistas de actividades. La gente valora nuestra receptividad a propuestas que sean buenas, para organizar un diálogo en torno a un libro, o un recital, o un maridaje de cine y gastronomía,…
En cualquier barrio se da por seguro que hay bares y que son espacios de sociabilidad. ¿Con la misma normalidad no deberían existir en todos los barrios sus ‘colombres’?
Sí, en algunos de Sevilla los hay. Y no deben entenderse como espacios ‘alternativos’ sino bien asentados, porque muchas personas asocian lo ‘alternativo’ a sinónimo de ‘temporal’. Lo mejor que ocurre en el nuestro es que la gente se siente como en su casa, a la vez que son entre sí diferentes. Eso descoloca a algunos, hasta que se acostumbran. Esa es la idiosincrasia y la gracia: huir de las etiquetas. De cualquier evento surgen multitud de sugerencias para hacer otras cosas. A nosotros nos toca filtrar para mantener el criterio.
Además de gratificante aventura personal, ¿logra ganarse el sustento económico?
Poco a poco vamos a ir mejorando eso, que descuidas cuando te lanzas de lleno a una actividad en la que hay mucho de pasión. Mantenemos la dinámica de hacer de vez en cuando venta ambulante, lo avisamos por redes sociales. Por ejemplo, este verano nos pusimos una noche junto al cine de verano que se montó en el Parque de María Luisa.
Hay otras iniciativas en Sevilla de sacar a la calle los libros, como el Zoco de Libros que se realiza en la Alameda de Hércules el segundo sábado de cada mes.
Y a quienes participan les sirve para estrechar lazos entre sí, y para darse a conocer a muchas personas. Todo ello es importante porque el sector del libro (editoriales, librerías,…) es muy débil y frágil. En Sevilla hay que ir a más en esa línea, a algo más sólido como es, por ejemplo, el mercado de libros en Barcelona, cada domingo por la mañana, en el Mercado de Sant Antoni. Es precioso, bajo unos grandes toldos.
En Sevilla podría montarse, por ejemplo, en un paseo fluvial.
Sí, en el Paseo de la O, en la orilla de Triana, donde ya se realiza un Paseo del Arte con artistas que exponen para vender sus obras. Pintura y literatura podrían reforzarse mutuamente para atraer la afluencia de gente.
¿Cuál es la actividad de Colombre con mayor seguimiento?
El certamen de relatos breves, el 1 de septiembre acaba el plazo de envío de originales para participar en la tercera edición. En nuestra faceta de editores, y atendiendo la propuesta de simpatizantes de Colombre para organizar ese concurso, cuando convocamos la primera edición pensamos que iba a tener una trascendencia local, más aún porque la asignación económica es casi simbólica… Y nos llegaron relatos de 400 personas, la cuarta parte desde países de América Latina. Nos desbordó tanto interés en participar.
¿Hacia qué va a evolucionar Colombre?
Consolidar tres vertientes: espacio de actividades culturales, librería (tanto física como mediante página web) y editorial. La primera línea, la de espacio cultural, es la que ha madurado más, y se ha creado ya una comunidad de personas interesadas que acuden y son parte de su funcionamiento y su ambiente. La función de librería irá a más, con todas las estanterías que hemos montado para tener muchos libros a la vista. Y en la de editorial, irá arrancando la publicación en diversos géneros: narrativa, poesía, relatos breves, viajes… El próximo que vamos a presentar es ‘Piel roja’, relatos breves del colombiano Jhon Ardila, que vive en Sevilla.
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La coquetería de la marginalidad
Artículo escrito por Alejandro Luque aparecido en agosto de 2016 en El Correo de Andalucía al hilo de la resistencia de los pequeños espacios culturales de Sevilla y en donde se recogen algunas declaraciones nuestras y ciertas claves de nuestra supervivencia. Reproducimos en rojo aquí el artículo completo, que también se puede leer accediendo a este enlace que dejamos aquí.
El reciente desahucio de La Carbonería ha reavivado el debate sobre la labor de los focos de resistencia cultural de la ciudad, impulsados por la iniciativa privada fuera de los circuitos institucionales. En la Asociación Cultural Colombre, con sede en el callejón trianero del mismo nombre, están sensibilizados con la situación: «Nos enfada lo sucedido en La Carbonería, nos entristece saber que también perdemos La Imprenta Asociación Cultural, y que de momento no podremos volver a disfrutar de esa terraza tropical que ha sido el Pescao Crudo en el Paseo de la O, que también anunció el cierre temporal por no poder llegar a un acuerdo con el propietario», lamentan.
Según Pedro Gozalbes, uno de sus fundadores, «no es difícil darse cuenta de que hay una falta de protección hacia las iniciativas culturales. En la actualidad no conocemos que haya, por ejemplo, apoyo a los alquileres de locales que promueven actividades culturales. La consecuencia directa de esto, en Sevilla, la estamos ya viendo… estamos invadidos de veladores por todas partes, uno sale de casa y casi tiene que pedir permiso para poder pasar o para sentarte en un banco de una plaza porque todos son mesas y camareros avasallándote. No se puede jugar a la pelota en una plaza, pero sí se puede atestar la plaza de veladores, como en San Andrés. Lo que ha terminado por ocurrir es que prácticamente solo la hostelería, grandes marcas, franquicias o cadenas puede hacer frente a los altos alquileres que se piden en el centro o en las zonas comerciales o transitadas. A nadie le ha dado por regular eso y al final vamos perdiendo espacios añejos, y el problema no es la nostalgia sino la autenticidad que da el tiempo bien llevado».
La ingente labor que desarrollan gratuitamente, y que va de conciertos a teatro, es casi a pulmón, como suele decirse. «Las ayudas que salen a convocatoria pública en un ayuntamiento como el de Sevilla nos parecen muy flojas», dicen. «Quisiéramos equivocarnos, pero da la sensación de que son las migajas que quedan sobre la mesa después de haberse celebrado un gran banquete, en donde los comensales a menudo van con máscaras y quien invita se olvida de que lo hace con dinero público».
«El problema fundamental de las ayudas es que nunca, nunca, nunca se valora el trabajo de gestión y coordinación cultural; solo se valora el qué, nunca el cómo. Desde Participación Ciudadana acaban de anunciar una convocatoria pública para la concesión a proyectos específicos de subvenciones a entidades, asociaciones, federaciones… y uno de las advertencias –que se repite en casi la totalidad de las subvenciones que se publican– dice: ‘Solo serán subvencionables aquellos gastos de funcionamiento que guarden relación directa con la actividad subvencionada y sean indispensables para la adecuada preparación o ejecución de la misma…’ Con lo cual, si nadie valora el trabajo de gestión cultural, uno acaba yendo a lo que sabe con toda certeza que va a ejecutar en ese año… y si cae algo, que normalmente es con mucho retraso, más de un año desde que el proyecto concluye, es como un pequeño plus con el que cuentas para luego gastártelo en otra cosa, porque primero lo tuviste que poner de tu bolsillo», agrega.
¿El secreto de Colombre? «Nosotros sobrevivimos porque estamos donde nadie quiere estar, en un callejón escondido y alejado del tránsito, y hemos hecho de esta marginalidad nuestra mayor coquetería. Nos burlamos de nosotros mismos diciendo que estamos en el callejón menos conocido de Triana. Pero no somos ingenuos, tal como están las cosas si ese callejón un día se pusiera de moda, nosotros no nos iremos, nos echarán».
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Queda mucha Triana por hacer y deshacer
Del blog de Sonia Domínguez, Letras Anfibias, recogemos aquí este reportaje sobre el estado de salud librero en Triana donde se refiere por extenso a nuestros avatares. En el enlace anterior puede leerse completo en su fuente original, dejamos aquí en nuestro blog un extracto del artículo:
«Una ruta para conocer el estado de salud librero de Triana podría comenzar lamentando el cierre de Especies de Espacios, una de las pocas librerías sevillanas especializadas en poesía, o saludando la vitalidad del Espacio Cultural Colombre, en el que los libros de segunda mano conviven con una programación cultural estable. Pero hoy no se puede hablar de librerías sin analizar el contexto en el que actúan, cómo se relacionan con el entorno y sin plantearse qué lugar ocupa la cultura en un barrio como este».
También el Espacio Cultural Colombre, “que desde un callejón perdido hacen posible el milagro”. Paso a paso va este espacio, nacido en 2012, en el callejón que une Febo con Esperanza de Triana.
Pedro Gozalbes y Rafael Delgado son amigos desde hace años, estaban metidos en el mundo del libro de segunda mano, compraban, vendían en el Charco de la Pava y en el puente de Isabel II, hacían trueques y, un día, buscaron un local físico que les sirviera para almacenar los más de 5.000 ejemplares que tenían.
“Colombre surge como consecuencia de nuestro particular diógenes literario, de tener ganas de mover los libros, de abrir el local al público y de ofrecer algo más, crear un espacio cultural. En el momento en que te presentas como un lugar de encuentro, el proyecto se va de las manos. La gente venía a visitarnos y nos proponía ideas”, explica Rafael.
Esas ideas han materializado en una programación cultural estable, en la que tiene un gran peso la narración oral para adultos, el microteatro, el cine o la música.
Colombre ha demostrado que la cultura existe y se descentraliza sola.

“Poco a poco vamos llegando a la gente del barrio. Al principio, la gente venía del centro, de la Macarena, porque hay personas que tienen ciertas inquietudes y buscan este tipo de espacios pero los vecinos estaban preguntándose ¿y esto qué será? Nosotros estamos abiertos a las propuestas que nos hagan, queremos crear esa sensación de unidad con el barrio”.
Un ejemplo. Pedro cuenta que se han reunido con la Asociación de Vecinos Triana Norte, que está intentando que se escuche su voz para que el solar del antiguo cuartel de la Guardia Civil, ubicado en Pagés del Corro, no sea subastado y se construya un centro multicultural del que carecen.
Además, están trabajando para generar redes y complicidades, aunque reconoce que es muy complicado, por la precariedad y por la falta de tiempo.
“Te implicas tanto en tu propio proyecto que es complicado, hay que ponerse límites. Pero somos optimistas. Tiempo al tiempo. Hay que intentar romper ese aislamiento entre quienes trabajamos en el barrio y estamos relacionados en esa faceta cutural, como CasaLa Teatro, Palimpsesto, Escuela Latidos. Antes de que termine el año, seguro que terminaremos preparando algo juntos”, vaticina Pedro.
Actualmente, están potenciando la parte de librería y editorial. “Los libros no son un atrezzo”. Muy pronto tendrán operativa una web para la venta de los libros y ya ha sido presentada en sociedad Ediciones Colombre, que arranca con las obras de Rafael Pérez Santana y Óscar Flores Baquero.
Pero no tienen prisa. Uno de sus secretos es ir paso a paso, con naturalidad, explorando “los vaivenes de gente y propuestas que se producen al ser un lugar de encuentro”.
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¿A quién le importa la cultura?
Artículo publicado por por Ignacio Díaz Pérez, en El Mundo, edición Andalucía, donde ya en 2015 daba cuenta de los milagros culturales que se iba sucediendo en nuestro Espacio Cultural, escondido del tránsito comercial en un callejón de la Triana obrera.
Textualmente recogemos la cita:
«O igual no saben que en un callejón sin nombre en Triana hay un espacio, Colombre, en el que artistas sin más apoyo que su propia voluntad y su saber hacer tratan de convertir este mundo en un lugar un poco mejor. Quédense con la copla, pues ningún político se lo va a contar».
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10 espacios de los nuevos tiempos culturales en Sevilla
14-04-2015. «Diez espacios de los nuevos tiempos culturales en Sevilla» en Revista Umbrales
«Las naves, los garajes, los almacenes, los callejones, dejan de ser espacios desabridos o abandonados cuando la mirada de quienes tienen ansias de vida cultural fija su atención en esos «no-lugares» del urbanismo descosido. En Triana, en el callejón de Febo, con raíces de carpinterías y talleres mecánicos, ahora hay que prestar atención a Colombre como foco de activismo cultural y social. Un ejemplo de rehabilitación y protagonismo de los ciudadanos para compartir vivencias y propiciar descubrimientos, sobre todo, a través de los libros. Querer es poder.
La cultura avanza más rápido que los jaramago para llenar de vida los espacios de Sevilla».
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Espacio Colombre estrena su nueva web
16-04-2015. «El Espacio Colombre estrena su nueva web» en Diario de Sevilla
El Espacio Cultural Colombre, ubicado en el número 35 de la calle Esperanza de Triana, ha lanzado su nueva página web, en la que se recoge información sobre su historia así como una guía completa sobre su agenda de actividades.
Además de un archivo de apariciones en prensa así como de las actividades que se han celebrado en Colombre, la web incluye una sección denominada Mediateca y que reúne contenidos audiovisuales a modo de memoria y también para consultas futuras. La web tiene también una pestaña de Novedades, donde se irá incluyendo información de interés relacionada con Colombre y pronto estará disponible también la Librería, con el catálogo completo del espacio.
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AEDA alerta de la existencia de Colombre
15-01-2015. «Espacio Cultural Colombre: un lugar donde escuchar cuentos» en AEDA
Los inicios y la búsqueda de sentido
Espacio Cultural Colombre, centro especializado en libros y literatura, abrió las puertas a la programación de eventos y actividades en octubre de 2012, sumándose así a una oleada de apertura de lugares y espacios, habida lugar en los últimos años, que venían a ofrecer una alternativa al panorama cultural dentro de una ciudad, en este caso Sevilla.
La idea, o más bien la intuición, no es otra que trabajar y vivir el mundo del libro apartado de las innecesarias presiones y urgencias para poder respirar aires amables, al margen de la burbuja editorial y del incesante ritmo de novedades de las librerías. Un ir sin prisa pero sin pausa, que nos permita disfrutar del camino y del encuentro con los libros y con la gente, un poco a la manera barojiana, entreteniéndonos en el detalle, «como el que va por el camino distraído, mirando este árbol, aquel arroyo, y sin pensar demasiado a dónde va».
Antes de programar y tener un espacio, ya llevábamos un tiempo mercadeando, a base de trueques, donaciones, depósitos amistosos, expurgo de nuestras propias y queridas bibliotecas, que sacrificábamos al grito de «libro que no has de leer déjalo correr», todo para poder contar con un puñado de monedas que luego invertíamos en pinturas, estructuras, materiales, cacharros, mobiliario y, en definitiva, en toda la artillería necesaria para montar una pequeña, al tiempo que coqueta, librería en un local –antiguo polvero y anterior cochera–, de bajo alquiler, tal vez, en el callejón menos transitado y conocido de Triana, y también probablemente de toda Sevilla. Lo que cualquier reputado director de ventas hubiera definido como un suicidio comercial en toda regla y abocado al fracaso, era, sin embargo, para nosotros, una idea seductora y atrayente como un abismo.
Alejados del centro neurálgico de la urbe ayudábamos a ir contra la centralización de la mayoría de actividades o eventos culturales que suelen darse en una ciudad y, por tanto, a colaborar para un reparto más equilibrado. A medida que fuimos adecuando el Espacio y recibiendo visitas de amigos y conocidos, vimos la posibilidad de abrirlo y de programar actividades que estuvieran en relación directa con el mundo del libro y luego con la cultura en su amplio sentido. Al principio, como es normal, dimos palos de ciego, tanteando cualquier posible piñata que pudiera contener un festín cultural. Pero fue y sigue siendo divertido equivocarnos.
La narración oral en Colombre
Casi desde los inicios surgió la posibilidad de programar funciones de cuentos. No éramos entonces conocedores del movimiento de Narración Oral que particularmente había en Sevilla y menos aún extramuros de nuestra ciudad, pero no dudamos en abrirnos a las primeras propuestas que fueron llegando. Eran propuestas propias o recomendaciones para traer a otros compañeros. Los comienzos no hubieran sido tan acertados sin la orientación y ayuda de algunos narradores que residen en Sevilla, entre los que cabe citar a: Nacho Terceño, Alicia Bululú y Marco Flecha.
Ellos vieron mejor que nosotros que el Espacio reunía buenas condiciones para contar. Una sala pequeña, con capacidad máxima para unas 50 personas, y que como ventaja permitía que solo estando 10 o 15 personas ya hubiese una sensación cálida y adecuada para el cuento. Además, un lugar apartado del bullicio del centro, al que venir expresamente, para quedarse un rato, y disfrutar del encuentro, antes, durante y al término de la función. Un pequeño grupo que va tomando vida propia, que interactúa entre sí, y que a menudo ha ido montando proyectos paralelos en base a los encuentros convocados en el callejón.
Estanterías repletas de libros, un modesto escenario con caja negra, y aforo dispuesto casi a modo de salón, pero sobre todo, un empeño por cuidar de todos los detalles que estén a nuestro alcance, a fin de crear una atmósfera adecuada para el arte de contar cuentos y el de escucharlos. Al tiempo en que íbamos consiguiendo esto entrábamos en contacto con el círculo de profesionales y seguidores del mundo de las historias contadas en Sevilla, que a su vez nos ponían en contacto con aquellos narradores visitantes que de tanto en tanto pasaban por la ciudad y con los que en ocasiones podíamos acordar una función.
Así pasaron, en el primer año, los ya mencionados: Nacho Terceño, Alicia Bululú y Marco Flecha, pero al poco se fueron sumando: Ángeles Fernández, el colectivo FINOS, Roberto Mezquita, Carolina Rueda, Esther de Juglaría, Matías Tárraga y Jackeline de Barros.
El segundo curso ampliamos la nómina: Jesús Buiza, Anabel Gandullo, Ana Griott, Sandra Cerezo, Jhon Ardila, Itziar Rekalde, Carlos Arribas, José Luis Mellado, Laura Dippolito y Pep Bruno.
Y de esta forma, uniendo esfuerzos, ha ido saliendo adelante Colombre, un lugar propicio para contar cuentos, de momento, para lo que se denomina público adulto o mayor de edad, por eso las funciones son siempre a las 21:30 de la noche. Perseguimos así cubrir una carencia de la narración oral actual, que si bien tiene más facilidades para lograr cabida en espacios especializados en un público infantil y familiar, en lo tocante a cuentos para adultos (abarcando desde la más primera adolescencia hasta los más mayores) sigue habiendo un vacío que cubrir.
Con todo, Colombre no hace sino sumarse a una búsqueda que viene de largo y en la que estamos, no diremos suficientes, pero sí unos pocos. Sevilla ha tenido a lo largo del tiempo muchos y diversos lugares donde practicar la narración oral para adultos. A menudo estos sitios aparecen y desaparecen, otros con los años consiguen mantenerse, como el siempre entrañable y amigable Rincón del Búho, lugar donde siempre hay una llama encendida, o la Sala El Cachorro, por citar dos lugares inamovibles y que siguen programando a día de hoy cuentos para adultos con cierta continuidad.
Luego se han sumado otros espacios como CasaLa Teatro, Casa Tomada, o más recientemente La Gallina en el Diván, sin dejar de lado, si se quiere contar con la periferia, la Biblioteca de Montequinto.
Nos consta que los propios narradores andan de tanto en tanto explorando espacios, bares, salas, cafés, etc., donde abrir nuevos frentes para cautivar nuevos públicos. El esfuerzo es loable y necesario, y a nosotros nos parece incluso que siempre es más provechoso si desde el principio el nuevo lugar encontrado se abre como un espacio común y compartido con el resto de profesionales, de esta forma se ofrece siempre al nuevo público que hay o surge en torno a cada espacio la posibilidad de estar siempre atento a las novedades y a los distintos registros y variedades de los narradores.
En Colombre intentamos programar con criterio, en un difícil equilibro de no casarnos con nadie y mantenernos al margen de grupos, generaciones, etc. buscando precisamente ofrecer riqueza, variedad y profesionalidad, dentro de que el Espacio tiene sus dificultades para salir adelante en lo económico y que el concepto de profesional, últimamente, anda muy cogido con pinzas.
Nos parece necesario indicar, a título informativo, la media de asistencia de nuestras funciones, que puede rondar, a ojo de buen cubero, en torno a las 20 personas, oscilando con funciones que por desgracia no alcanzan la docena de personas o con noches gloriosas en las que hemos tenido, también por desgracia, que colgar el cartel de agotadas las entradas.
Para el presente curso 2014-2015 se hacía necesario abrir un hueco a una representación de narradores veteranos, que residentes en Sevilla, aún no habían actuado en el espacio o que ni siquiera tenían noticia de él. Con esa intención montamos el «Ciclo de Viejos Cuenteros Sevillanos», a fin de programar, al menos, a una mínima representación de esta generación. recientemente se ha iniciado el ciclo con Manuel Garrido de Piratas, y tendrá continuación a lo largo de este semestre con los chicos de Recuento, Juan Arjona y Pepepérez.
Hay también un segundo ciclo programado y en marcha, «Palabras Mayores», donde hemos agrupado a aquellos narradores que nos visitan de fuera de Sevilla, y que por tanto no es fácil que el público pueda acceder a ellos. Que un Espacio con tan pocos recursos económicos como Colombre haya podido contar con gente de fuera no tiene más explicación lógica que la de volcar todo sus esfuerzos y sus energías en aprovechar lo que no son recursos económicos, en este caso, tirar y tomar la mano amistosa de nuestros hermanos mayores, como La Cháchara, que han gestionado y facilitado la visita de la colombiana Carolina Rueda, o sobre todo La Compañía Barataria, quienes habían logrado, estos últimos, trazar una exquisita y cuidada programación infantil y familiar para las Bibliotecas y el Teatro de Mairena del Aljarafe (a las afueras de Sevilla) y, nosotros, avisados amigable y generosamente, no hemos hecho más que aprovechar esta coyuntura, e invitar a estos narradores, que ya por estas razones visitaban Sevilla, a participar de este proyecto, teniendo además la suerte de que todos (Patricia Picazo, Pepe Maestro, Eugenia Manzanera, Ferran Martín y Paula Carballeira) han querido colaborar accediendo a las arriesgadas y casi simbólicas condiciones que un Espacio sin ánimo de lucro puede ofrecer, que no es otra que ir a taquilla.
Este año hemos incluido como novedad complementaria una sección en nuestra librería dedicada al cuento y a la narración oral, poniendo a disposición del público el catálogo completo de la Editorial Palabras del Candil
Y estamos llenos de ideas, por ejemplo, a poco que estrenemos nuestra página web, aún en construcción, quisiéramos abrir el blog para encargar críticas de las funciones y artículos especializados, por decir una sola… pero hay muchas más y sobre todo ganas de poner nuestra semilla en el no siempre fácil camino de la Narración Oral para adultos, en donde aún, a día de hoy, a veces se hace cuesta arriba mantener con éxito y sin perder la ilusión una programación continua y estable.
De momento esto es Colombre, una aventura que pese a sus riesgos y su nula rentabilidad económica para los que estamos dentro, nos divierte y nos pone en el camino, y que creemos acabará teniendo continuidad, a poco que consigamos ensamblar las piezas de la manera justa, acompañados siempre de gente con las mismas o mayores ganas y energías.
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Doble sesión de cuentos en el Espacio Cultural Colombre
16-01-2014. «Doble sesión de cuentos para adultos en el Espacio Colombre» en Diario de Sevilla
«Una prueba de que los cuentos no son solo para niños son los dos espectáculos programados para este fin de semana en Espacio Cultural Colombre (Calle Esperanza de Triana, 35. Loca lateral) y en el Centro Cultural Biblioteca Montequinto.
Ambas citas son mañana viernes. La primera, en el espacio de Triana, es con Alicia Bululú y Carlos J. Arribas y Damorte, un espectáculo de narración oral a dos voces, con historias y cuentos que surcan los temas del amor, el mar y la muerte. Será a partir de las 20:30 y las entradas tienen un precio de 4 euros…».
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Carolina Rueda en Colombre
13-02-2014. «Salir a aprender. El Espacio Colombre organiza un taller de narración oral» en Diario de Sevilla
A poco que empezamos a rodar una de nuestras señas de identidad como espacio cultural fue aliarnos con la maltratada narración oral de historias, que al menos en Sevilla, en lo que a público adulto se refiere, se había quedado sin un lugar de referencia, sin un refugio donde los cuentos fueran acogidos y recogidos por oídos y corazones ansiosos de conocer historias viejas y nuevas. Desde el principio hemos entendido que Colombre tenía que ser un lugar donde pudieran encontrarse los narradores y los «oídores», los que cuentan y los que escuchan, y hemos tratado de propiciar una programación que fuera bidireccional, cercana y activa, en donde quienes van a contar acaban escuchando y quienes, a menudo, creen que van solo a oír, terminan también por darle voz a sus propias historias.
Hemos tratado de llevar desde el principio una programación cuidada y medida al público de nuestro espacio, tratando con cariño y con amabilidad a los narradores y al público, de manera que una actuación alimentara la convocatoria de la siguiente, y que en conjunto siguiera habiendo variedad y diversidad. Nos propusimos, a lo largo de los primeros años de vida de Colombre, que fueran pasando los mejores narradores locales –los residentes en Sevilla– y los que venían de fuera, que venían con enormes ganas y apetito de conocer Colombre, como fue el caso de la colombiana Carolina Rueda, que solo con pisar nuestra librería dejó en ella una impronta sagrada, una marca que nos ayudó a que el resto entendieran que Colombre era, e iba a ser en adelante, en cuanto al arte de contar historias se trataba, un lugar sagrado, un lugar de culto, un templo de las palabras. Y en ese empeño seguimos.
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De la paella al chucrut
17-03-2013. «De la paella al chucrut» en Diario de Sevilla
Unos jóvenes alemanes, de entre 17 y 18 años, estudiantes en el instituto Mathilde-Planck-Schule, de Ludwigsburg, cerca de Sttugart vinieron a Sevilla en marzo de 2003 guiados por los intrépidos profesores Ina y Tommy Sickel, enamorados de Sevilla, con mucha más razones y mayores motivos que la mayoría de alemanes que pasan unos días en Sevilla y salen encantados, salvo por lo de la «cervecita» local, que además de pequeña es insípida. Ambos profesores han sido y son sevillanos, puesto que de Sevilla es quien en Sevilla se siente bien, y alterna con sus gentes y pasea sin prisas por sus calles.
Conociendo nuestro –entonces incipiente– proyecto cultural nos pidieron que les organizáramos una especie de contra programa, algo más alternativo, que complementara lo que iba a ser el intercambio oficial entre ambos institutos. De manera que lo primero que hicimos fue contactar con una profesora la mar de pop, Remedios Usagre, que además de talentosa y experimentada, cayó bien al grupo y fue fundamental para hacer piña entre sevillanos y luisburgueses. Ella se encargó de impartir unas clases de español a su medida, mientras que nosotros les hicimos de cicerones por la ciudad, llevándolos a pasear no solo por los lugares más monumentales sino por la Sevilla menos desconocida, por los rincones que ahora las guías denominan más insólitos y secretos. Hubo nocturnidad, con conciertos, teatros, una sesión de cine y visita a las peña flamenca Torres-Macarena, y no nos faltó llevarlos tempranico al Jueves y con unas mínimas nociones históricas y las precisas instrucciones prácticas dejarlos a modo de yincana a ver cuál era el chisme más asombroso que eran capaces de comprar por menos de dos euros. Y nos asombraron. Los recordamos mucho y seguro que nos recuerdan.
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